Economía afectada

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Luego de 56 días de cuarentena obligatoria parece que el lunes se podrán iniciar algunas actividades económicas, el resultado es un desastre económico; no existe otra palabra para lo ocurrido siendo nuestro Presidente quien optó por estas medidas, las recomendables desde el punto de vista de la salud de la población debido a que el sistema de salud era insuficiente para afrontar el tratamiento de millones de peruanos con necesidades de cuidados intensivos.

Por primera vez en 21 años, es decir después de la secuela de Alan García, Presidente aprista, el Perú cerrará en rojo o afrontaremos una dura recesión, las opiniones del jefe de Credicorp Capital, Daniel Velandia son duras y sin duda realistas, estima que un mes de aislamiento representa dos puntos menos del PBI anual, y son casi dos meses; es decir 4 % de reducción del crecimiento económico para el 2020, no es exagerado. Revertir esa situación necesita de una política fiscal adecuada, al parecer el gobierno está tomando las medidas acertadas; se ha optado por paquetes de estímulo, las cuales han cubierto las necesidades de los más pobres, aunque nos sorprendió por allí ver en el lujoso distrito de la Molina unas canastas; se atenderá con recursos de los cuales dispone el estado atendiendo a las personas y empresas más vulnerables y destinar los esfuerzos al sistema de salud para atender la emergencia.

En opinión del economista Alfredo Ferrero, todo el mundo se debate entre una posible recesión inevitable y una larga recesión, es decir una depresión; no se puede elegir entre economía y salud, ya que están interconectadas, pero debe buscarse el equilibrio en las medidas, necesitamos que la economía se reactive y los recursos del estado son finitos. Las empresas dan empleo y necesitan generar ingresos para pagar sueldos que a su vez son necesarios para que la población recupere su capacidad de consumo y mantenga activa la cadena de pagos, no podemos llegar al extremo de colocar al país en la opción de morir por el Covid o el hambre, el resultado serían conflictos y convulsiones sociales.

Las empresas deberán cumplir su cuota de solidaridad y los trabajadores su cuota de sacrificio, estamos en una crisis de salud y económica, existe la necesidad de avanzar hacia un plan gradual de apertura por actividades donde se pueda establecer protocolos sanitarios, el transporte público es el más grave problema por ser foco de contagio y anular el distanciamiento social; en las llamadas combis los pasajeros van apiñados y deben quedar fuera del servicio.

Nuestro sistema de salud precario nos ha colocado entre los más afectados regionalmente, las cifras iniciales en los que tanto confió Vizcarra estaban basadas en un número de pruebas y contagios oficiales que ahora las vemos ridículas. Uno de los aspectos positivos de esta catástrofe es que hemos aprendido a reconocer cuáles actividades son imprescindibles para los seres humanos y cuáles son frívolas, y a reconocer en la familia el núcleo de la nación.