Nuestra otra dama

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El día 24 del presente mes, en las forzadas circunstancias que actualmente dominan el país, falleció Elizabeth Yolanda Chura Vernal, quien fue prima hermana de José Cáceres Vernal, hija a su vez de Juana Vernal Palza, y nieta de Pablo Vernal y Marquesado, tronco de una familia que se consolidó en el Callao y en Tacna donde reposan sus restos; don Pablo, consecuente con sus principios de lealtad al Perú abandonó sus propiedades en Tarapacá; fue primo hermano de Rosa Vernal, madre del héroe generoso, Alfonso Ugarte Vernal.

El padre de Elizabeth fue Simón Chura, tacneño residente en el sector que se llamó la pampa Morón donde era agricultor, productor especialmente de frutales incluyendo la uva de la cual poseía el secreto de producir un vino que llegó a ser legendario; don Simón además perteneció a la Guardia Civil, en los tiempos en que el honor era su divisa, valores que heredó.

Chiquita como se le conocía fue contemporánea de la familia Cáceres Contreras y de una niña alegre y sonriente maduró en una matrona alegre y sonriente, amó por sobre todo a sus dos hijos Martín y Fernando, fruto de su matrimonio con José Manuel Rodríguez Muñóz, reconocido periodista quien en Radio Tacna dirigió el programa «La Verdad», en el horario estelar de las 13 horas.

Su capacidad de amar no se restringía a su familia cercana, en su labor dentro de la autoridad del sector educación siempre estaba dispuesta a servir. Durante la penosa enfermedad que nos privó de Yolanda se integró voluntariamente a la familia que se había convertido en algo más remota, la del apellido Vernal, al cual honró al igual que el Chura por su integridad.

Radio Tacna siempre estuvo entre sus querencias, no era de extrañar que se comunicara para hacernos alguna observación, siempre alegre y  sonriente; su preocupación por todos los miembros de la familia era constante, nadie escapaba de sus pensamientos y su buena voluntad, asumió el vacío que dejara nuestra directora Yolanda Vda. de Cáceres haciendo sentir el amor que nos tenía a cada uno de nosotros, con sencillez de santidad.

El sepelio se llevó a cabo el mismo día que cumplía 73 años y en las condiciones actuales sólo contó con la familia más íntima, pero hubo ocasión de rememorar los valores de Elizabeth, los cuales fueron resaltados y el ambiente de congoja fue auténtico, nos dejaba lo más espiritual de la familia puesto que entregó su culto a la Virgen de Guadalupe y era infaltable en la misa que anualmente se celebra en la catedral y en divulgar su culto.

Como era de esperarse su preocupación por los demás le pasó factura  y su salud sufrió menoscabo del cual no logró recuperarse, estamos seguros que puso toda su voluntad para seguir viendo por todos, pues esa era la razón de ser de su vida; Chiquita nos deja un inmenso vacío, el mismo de una madre que se va; decir que murió por amor a los demás es una realidad, todos quienes tuvimos el privilegio de conocerla y tratarla lo sabemos, su sitial es entre las inmortales porque jamás se le olvidará.