Tentaciones de Cuartel

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Javier Alonso de Belaunde, columnista del diario Perú 21 bajo el título “Una carta del pasado” da su opinión acerca de un peligroso movimiento resultado del demasiado largo proceso electoral del presente año, más aún solamente en los resultados de la segunda vuelta electoral.

De Belaúnde opina que “Los golpes militares ya no son aceptables. Los civiles que los animan brillarán por su ausencia cuando quienes los perpetren enfrenten las consecuencias legales de sus actos”.

En forma similar a una misiva extraviada en el pasado por décadas, el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas recibió una carta de exmilitares con un pedido propio de otra época, en dicha comunicación se invita a las FF.AA. a desconocer la futura proclamación de resultados electorales si el JNE termina desestimando los reclamos de Fuerza Popular sobre las actas, esta es una propuesta impropia y anticonstitucional; peor aún si la reforzaron con una manifestación en el óvalo José Abelardo Quiñonez, a pocas cuadras del Cuartel General del Ejército, más conocido como “El pentagonito” en el distrito de San Borja, en una fotografía de dicha manifestación algunos militares lucían sus espadas a la cintura, bravuconería que nos recordó los machetes de ronderos.

Naturalmente, los oficiales en situación de retiro tienen derecho a su libertad de expresión como cualquier otro ciudadano, sin embargo tanto la carta como la manifestación tuvieron un fuerte contenido golpista.

La Constitución de 1933 en su artículo 213 estableció como finalidad de las FF.AA. “Asegurar los derechos de la República, el cumplimiento de la Constitución y de las leyes y la conservación del orden público”. Los generales Velasco en 1968, Pérez Godoy en 1962 y Odría en 1948 la invocaron expresa o tácitamente, incluso dando vivas a la democracia, para quebrar el orden constitucional y tomar el poder por la fuerza; con esa experiencia, el nuevo equipo constituyente se vio obligado a reformularla y poner textualmente en la Constitución de 1979, algo que repite la de 1993, un principio que es obvio en toda democracia y es que las FF.AA. están subordinadas al poder constitucional, no arbitran, no supervisan, no son deliberantes, es decir que sus decisiones no se pueden imponer a la voluntad ciudadana ni a sus autoridades, incluido el JNE. Su misión es está lejos de la política, Consiste en “garantizar la independencia, la soberanía y la integridad territorial de la República” entre otras.

Los golpes militares ya no son aceptables. Los civiles que los animan desaparecerán cuando quienes lo hagan reciban las consecuencias legales de sus actos, más bien se debe destacar a los miles de ex militares anónimos que no han firmado la carta, así se honra a sus instituciones esenciales, subrayan su rol profesional y renuevan el compromiso con el Estado de derecho.

El país está a menos de un mes de conmemorar su bicentenario, no puede hacerlo volviendo a una tradición de naciones bananeras y gorilas: los tanques en las calles como siempre se inicia un cuartelazo.